El ritmo musical de la Chaya es una de las expresiones más auténticas
y
representativas de la identidad cultural de La Rioja, provincia del
noroeste argentino. Es un género musical heredado de los pueblos originarios
y enriquecido por la fusión con las tradiciones criollas y españolas.
Con una mirada etno-musicológica, Pancho Cabral se propuso investigar los orígenes de la Chaya en su ensayo "De la Vidala a la Chaya", obra que rescata las raíces ancestrales de esta expresión cultural.
“No ocurre frecuentemente que el poeta sea también músico y además se proponga investigar el origen de su quehacer.”— Armando Raúl Bazán, miembro de la Academia Nacional de Historia
El trabajo de P. Cabral no se limita a describir las tradiciones; arroja luz sobre los profundos vínculos que mantienen con el presente. Su investigación permite comprender más profundamente el significado simbólico de la Chaya, que cobra plena vida durante el carnaval de La Rioja.
El carnaval de La Rioja es una manifestación
viva de la identidad cultural del pueblo riojano. Es una fiesta ancestral
originada en ritos indígenas prehispánicos, cuando los pueblos
originarios del noroeste argentino,
especialmente los diaguitas, celebraban la fertilidad de la tierra, el
fin de la cosecha y el inicio de un nuevo ciclo agrícola.
Con la llegada de los colonizadores españoles, estos rituales se
sincretizaron con las tradiciones del carnaval europeo, dando origen a
una celebración única: la Chaya. El término “chayar”, que en quechua
significa “rociar” o “mojar”, resume el espíritu del festejo, que aún hoy
se expresa en el juego con agua, harina, albahaca, vino, y la
alegría popular.
Durante el mes de febrero, las calles, patios y cerros de La Rioja se
transforman en escenarios de encuentro y expresión colectiva. La música
—con su caja chayera, guitarras y coplas— envuelve a los
chayeros, que se entregan al canto, al baile y a la emoción compartida.
La harina blanca cubre los rostros, la albahaca perfuma los cuerpos, el
vino corre entre amigos y vecinos, y el agua une a
todos en un juego ancestral.
En este marco festivo y profundamente simbólico, nació un emblema que hoy
acompaña a esta celebración y la identifica en todos los rincones:
la Bandera de la Chaya.
La Bandera de la Chaya fue creada por Pancho Cabral
y su compañera Beatrice Dayot (bailarina francesa). Nació como un símbolo para
identificar a sus amigos durante las celebraciones de
febrero, en el patio de su casa, y capturó rápidamente la
imaginación popular.
Tiene tres franjas horizontales: el Verde representa la
albahaca, el Blanco, simboliza la harina y el Amarillo ocre
evoca la vaina de algarroba.
En el centro se
destaca una caja chayera con los palitos cruzados, indicando que el
canto ancestral sigue resonando en todas las direcciones. Está
custodiada por dos ramos de albahaca abiertos, invitando a las
nuevas generaciones a continuar la tradición con sus propias
coplas.
La Bandera fue institucionalizada mediante la Ley Provincial N°
10.742, sancionada por la Cámara de Diputados de La Rioja y
promulgada por el gobernador. Esta ley reconoce la bandera como
símbolo cultural provincial y encomienda su promoción a actividades
oficiales a través del Ministerio de Turismo y Cultura.
El primer izamiento oficial se realizó en un emotivo acto
protocolar en el Patio de las Artes, con la presencia de
autoridades legislativas, músicos y copleros, consolidando su lugar
en el corazón cultural de La Rioja.


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